Soft skills

Cada avance de la inteligencia artificial plantea una pregunta incómoda a la abogacía: si todos los abogados tienen acceso al mismo conocimiento y a las mismas herramientas, ¿por qué un cliente seguirá eligiendo a uno y no a otro? La respuesta marcará el futuro de la abogacía.

Las competencias técnicas seguirán siendo imprescindibles. El abogado no podrá prescindir de un sólido conocimiento del Derecho ni del dominio de las herramientas de IA. Sin embargo, ese conocimiento tenderá a homogeneizarse: la IA está convirtiendo buena parte de las competencias técnicas en un factor cada vez menos diferenciador.

El conocimiento jurídico no bastará para destacar. La ventaja competitiva residirá cada vez más en aquello que ninguna máquina puede replicar plenamente: la humanidad. La tecnología tenderá a igualar las competencias técnicas; las competencias blandas seguirán marcando la elección del cliente.

En la era de la IA, la clave del éxito profesional no estará únicamente en el conocimiento jurídico ni en el dominio de la IA, sino en aquellas competencias que ninguna tecnología puede sustituir plenamente.

El mercado las conoce como competencias blandas. Prefiero denominarlas competencias diferenciales, porque explican por qué un abogado es elegido frente a otro cuando ambos poseen un excelente nivel técnico.

Las competencias blandas constituyen las principales competencias diferenciales del abogado y pueden agruparse en cuatro grandes pilares:

 

La adaptabilidad

La tecnología evoluciona más deprisa que las personas. Por ello la adaptabilidad tendrá que ser una actitud permanente: aprender, desaprender y volver a aprender, cuestionar hábitos, abandonar zonas de confort y mantener la curiosidad intelectual durante toda la vida profesional. Los abogados más exitosos serán quienes mejor sepan evolucionar.

 

La inteligencia relacional

Los clientes seguirán necesitando sentirse escuchados, comprendidos y acompañados en momentos de incertidumbre. La inteligencia artificial puede ofrecer información; un buen abogado transmite tranquilidad.

La confianza continúa siendo el verdadero motivo por el que un cliente entrega a un profesional su patrimonio, su empresa o su reputación. No surge por casualidad: se construye mediante la credibilidad, la coherencia, la autenticidad y una forma determinada de relacionarse con las personas. Por ello adquirirán todavía mayor relevancia las habilidades sociales, la capacidad para generar confianza, la construcción de relaciones sólidas y la creación de redes de aprendizaje y de negocio.

También cobrarán una importancia extraordinaria la escucha activa y la empatía. La verdadera propuesta de valor de un abogado no comienza cuando habla; comienza cuando escucha. Escuchar activamente significa comprender las necesidades y los deseos explícitos e implícitos del cliente, formular preguntas adecuadas y ofrecer soluciones que respondan a su realidad. Cuando un cliente percibe que ha sido comprendido, la confianza aparece de manera natural.

 

El pensamiento superior

La imaginación para encontrar soluciones innovadoras, la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad para innovar serán competencias cada vez más valiosas. El abogado aportará cada vez menos valor por la información que posee y más por el criterio con el que la interpreta.

La fortaleza personal

La resiliencia, la toma de decisiones éticas, la mediación, la resolución colaborativa de conflictos, la capacidad para calmar a clientes nerviosos y el liderazgo seguirán siendo profundamente humanos.

Existe, además, una competencia sobre la que descansan todas las anteriores: el autoconocimiento.

Es difícil comprender a un cliente si antes no nos comprendemos a nosotros mismos. Tenemos automatismos que pueden dirigir nuestras decisiones si no los conocemos. Quien identifica sus fortalezas, limitaciones, motivaciones y patrones de comportamiento desarrolla una mayor inteligencia emocional, mejora sus relaciones personales y profesionales y toma decisiones más acertadas. El desarrollo profesional comienza por el desarrollo personal.

 

Muchos abogados dedican enormes esfuerzos a perfeccionar competencias que pronto dejarán de diferenciarlos, mientras descuidan aquellas que incrementan su valor como personas y como profesionales.

La IA, por sí sola, no genera confianza. No comprende el sufrimiento de una familia, la preocupación de un empresario o la incertidumbre de quien afronta un litigio. No inspira. No lidera. No construye relaciones duraderas.

Por eso estoy convencido de que el abogado del futuro no será simplemente quien mejor utilice la IA, sino quien consiga convertirse en el abogado de máxima confianza de sus clientes.

La IA hará más competentes a todos los abogados. Las competencias diferenciales determinarán quién será elegido por los clientes, porque el verdadero reto ya no consiste en competir con la IA ni siquiera con otros abogados. Consiste en convertirse en el profesional que los clientes desean elegir.

El futuro de la abogacía pertenece a quienes nunca dejen de crecer como personas y como profesionales, comprendan mejor al ser humano, generen más confianza y consigan convertirse en el abogado de máxima confianza de sus clientes.

 

© Francesc Domínguez, mentor de desarrollo profesional y consultor de marketing jurídico. Artículo publicado en Expansión, diario económico español

Author: Francesc Dominguez

Francesc Domínguez es mentor de desarrollo profesional (marca personal) y consultor de marketing corporativo y marketing jurídico, desde 2001. Es autor de cuatro libros sobre las mencionadas disciplinas, disponibles en www.francescdominguez.com