Quien tiene una marca, tiene un tesoro. La marca personal es la percepción, huella o sello personal que dejamos en los demás. Es nuestra reputación. Todos tenemos marca personal; pocos tienen una marca personal fuerte. Por lo tanto, y mejor dicho: quien tiene una marca fuerte, tiene un tesoro.

Seamos abogados, notarios, procuradores, o cualquier tipo de profesionales, y con independencia de nuestro ámbito geográfico de actuación, es imperioso gestionar correctamente nuestra marca personal, porque es nuestra reputación, credibilidad y la imagen que los demás tienen de nosotros, tanto en el mundo off-line como en el online.

El éxito en la vida profesional, nos agrade o no, depende de la percepción que los demás tienen de nosotros. Se trata del factor más importante a la hora de explicar por qué un profesional o un despacho competente no llega a convertirse en una referencia en su ámbito geográfico o de especialización. Las carreras profesionales también suelen estancarse en buena parte por una deficiente gestión de la percepción social del profesional o del despacho. Por ello, esa percepción debe gestionarse de forma metódica y no dejarla al azar.

La gestión de la propia marca es la gran olvidada por parte de los profesionales. La mayoría nos pasamos la vida ayudando a los clientes; pocos dedicamos tiempo a ayudarnos a nosotros mismos, potenciando lo que nos distingue y hace singulares o únicos en el mercado.

Ponemos multitud de excusas, pero hay un motivo clave para no dedicar recursos a potenciar nuestra marca personal: a la mayoría nos falta suficiente voluntad. Desconocemos u olvidamos que la principal estrategia en la vida profesional pasa por saber potenciar las propias virtudes y por gestionar bien los temores que alienan o frenan nuestra carrera.

Marca personal y marca corporativa

La gestión de la marca corporativa y la de las marcas personales de los socios, asociados y otros profesionales del despacho es muy conveniente.

¿Por qué? Porque con la gestión de la marca corporativa o la personal se trata de conocer lo mejor de nosotros y los aspectos que conviene que mejoremos. Se trata de potenciar nuestras virtudes, aquello que puede hacer que nos convirtamos en la opción preferida para el tipo de clientes y casos que queremos tener. Si potenciamos la marca de los profesionales, estos potenciarán su reputación y contribuirán al desarrollo de negocio y a mejorar la reputación del despacho.

No obstante, todavía hay despachos que desconfían de gestionar la marca personal de sus profesionales, más allá de la de los socios principales. Esgrimen que, si lo hacen, la mayoría de los colaboradores terminará yéndose. Esa actitud puede acabar creando frustración en determinados abogados, carentes de visibilidad alguna en su despacho. La gestión de la marca corporativa y la gestión de las marcas personales (de algunos) de sus abogados es compatible.

En la vida profesional hay por lo menos tres factores que son indelegables e inexcusables:

–       La formación: su formación debería ser coherente con su estrategia de desarrollo profesional, con la que sería necesario que contase.

–       Las relaciones con (determinados) clientes y con sus colaboradores.

–       La gestión de la marca personal: solo depende de usted y si no se responsabiliza de ella, nadie lo hará.

 

La marca es su responsabilidad

Si en su despacho no le forman o no le forman como usted quisiera, busque la formación adecuada. Si en su despacho no le ayudan a gestionar su marca personal (algo más que probable), tampoco tenga excusas: gestiónela, con independencia de su edad y de la trayectoria profesional que haya tenido o que espere tener. Su marca personal es su “seguro de vida profesional”.

Usted puede pensar que contar con una fuerte marca personal es algo que no se consigue al corto plazo. Por supuesto, es así, pero es algo tan importante que hay que empezar a gestionarla lo antes posible, para que usted cause el efecto adecuado en su mercado. Gestionar la marca personal, su reputación y generación de más confianza en el mercado, lleva necesariamente tiempo, pero debe ser un tiempo “orientado”, coherente con una estrategia de mercado, de la que es preciso disponer. A corto plazo sí que podrá conseguir nuevos clientes y casos, mejorando sus habilidades.

Si potenciamos nuestra reputación (marca personal) y adquirimos, sobre la base del autoconocimiento, habilidades distintivas (observación y escucha activas, venta de los servicios jurídicos sin presionar a los clientes potenciales, etc.) contribuiremos al desarrollo de nuevos negocios para el despacho y este mismo irradiará más confianza social, no solo por su marca sino también por la de sus profesionales.

Quien tiene una marca tiene un tesoro. Mejor dicho: quien se ha responsabilizado de tener una marca fuerte, tiene un tesoro.

 

© Francesc Domínguez, consultor de marketing jurídico y marca personal del abogado España, Europa, América Latina, Estados Unidos de América, www.francescdominguez.com. Artículo publicado en Expansión, diario económico.

 

Author: Francesc Dominguez

Francesc Domínguez es consultor de marketing jurídico, marca personal del abogado y marketing de despachos profesionales, desde 2001. Es autor de cuatro libros sobre las mencionadas disciplinas, disponibles en www.francescdominguez.com